UNAS RARAS PERSONALIDADES QUE SIEMPRE CIRCULAN POR LA CASA DE GOBIERNO

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UNAS RARAS PERSONALIDADES QUE SIEMPRE CIRCULAN POR LA CASA DE GOBIERNO

Mensaje por nabucodonosor el Vie 05 Mar 2010, 14:04

Hay dos clases de personalidades que conviven armoniosamente en el entorno de los gobiernos. Son los obcecados y los obsecuentes. Ambos tipos humanos son peligrosamente disfuncionales al bien común, por distintas razones que se intentará explicar a continuación.
Según el catecismo de la Iglesia Católica, la prudencia es la principal virtud cardinal, ya que dispone a la razón práctica a discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo. Conduce a las otras virtudes, indicándoles regla y medida. No se confunde ni con la timidez o el temor, ni con la doblez o la disimulación. Suele decirse, con razón, que es la virtud por excelencia del político.
En el actual Gobierno, se hace cada vez más difícil encontrar prudentes. Se los suele confundir ingenuamente con los funcionarios,asesores,punteros,medios de prensa, que comprenden lo que está pasando (que son muchos), pero sin embargo callan “prudentemente” y dicen sólo lo que es conveniente. Eso es precisamente un obsecuente, un servidor incondicional a quien sólo le preocupa no escandalizar a su amo y cumplir con todas sus apetencias y caprichos. Por supuesto, la complacencia del obsecuente no es por simple adulación, sino que siempre es a cambio de alguna dádiva, llámese dinero, prestigio, fama, o lo que sea.
El obcecado, en cambio, es aquel al que la soberbia, la codicia, la ignorancia, el resentimiento, la ira o la desconfianza le impiden ver la realidad tal cual es. Hay veces que la obstinación cala tan hondo en los corazones, que los sujetos afectados terminan aislándose por completo, perdidos en una nube de fantasías conspirativas que ellos mismos construyen para protegerse de su solitaria inseguridad. Sin embargo, si hay poder de por medio, siempre habrá algún obsecuente interesado en retroalimentar esas fantasías en su provecho. Vale destacar que ambas personalidades tienen algo en común, que es precisamente lo que atenta directamente contra el bien común: el egoísmo. Ambos sólo piensan en sí mismos, justamente lo contrario de lo que debería hacer un político prudente
Para finalizar, hay que decir que, lamentablemente, los santiagueños hemos quedado a merced de perfectos imprudentes de dos clases: los que por conveniencia no quieren ver, y los que perdidos en sus propias ficciones autocomplacientes ya no son capaces de observar con claridad ni sus propias narices. Es en gran parte nuestra culpa,muchas veces por no decir nada.
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